Este 13 de abril el Hospital Asilo Santa Marta de Villajoyosa ha cumplido 40 años. Es lunes, por la mañana, un poco más fría que los días anteriores, aunque poco a poco va asomando el sol y parece un día más: en la cocina desfilan las tortillas de patatas (siempre con cebolla, apunta Antonio, el cocinero), las unidades de convivencia en las que han ido agrupando a sus casi noventa residentes van terminando el desayuno y empezando progresivamente sus actividades, una mujer pinta un cuadro al fondo de una sala y algunos mayores se escapan al jardín para fumar el cigarro.
La vida en esta residencia está pautada con una precisión casi milimétrica que la efeméride parece querer romper: «No hemos ensayado esta última semana», lamenta la protagonista de la obra de teatro, una de las tantas actividades programas con motivo del 40 aniversario; «Es que estamos teniendo muchas cosas», le responde sonriendo una cuidadora mientras le prueba su traje de pescadora.
Nazario, a sus 86 años, es el representante de los usuarios de Santa Marta y no presume de mayorías absolutas, aunque lleva encadenadas varias. Lo que Nazario reivindica es la historia de esta institución, primero dirigida por las religiosas y ahora por el Ayuntamiento.
Isabel, trabajadora social, lo confirma: «Que siga siendo de La Vila y para La Vila». Ambos nos van enseñando las mejoras que el centro ha ido consiguiendo a fuerza de insistir, desde mejorar el menú hasta una rampa que facilite el acceso a un jardín donde ellos mismos cuidan del níspero y del limonero. El mismo jardín donde un pequeño anfiteatro sustituyó en su día a una fábrica de hielo.
Cristina, la directora, aprovecha nuestra visita para insistir en que «aumenten los recursos para las personas mayores». «Que todos sigamos poniendo el alma y el corazón como lo estamos poniendo», desea. Pepe, animador altruista, el ‘narrador’ de las tardes en la residencia, comparte su beneficio: «Ellos lo pasan fenomenal y nosotros nos vamos cargados de energía. Se lo merecen todo los mayores, por mucho que se haga siempre será poco», concluye.