Con la ayuda que presta la sombra de una palmera y una de las mejores vistas a la bahía de Benidorm Inés Ayala y Ana Boix han convertido estos días la céntrica Plaça de La Senyoria en un taller de conservación al aire libre. Las dos restauradoras y conservadoras de bienes culturales han asumido la tarea de devolver el brillo, en todos sus aspectos, a uno de las esculturas más reconocibles de Benidorm: el Monumento a los Muertos en el Mar, una obra de Juan de Ávalos que ha sobrevivido desde 1965 al desgaste del tiempo y el mar.
El trabajo, relatan Inés y Ana, empieza mucho antes de aplicar herramientas o productos sobre el bronce. Ambas especialistas han realizado un estudio previo para identificar las patologías que ha acumulado la obra en un enclave especialmente exigente: salitre, humedad, contaminación, viento, afluencia constante de visitantes y la presencia permanente de aves. Cada factor ha dejado huella sobre una pieza que nunca había sido intervenida.
Entre los daños más urgentes, Ayala y Boix han localizado importantes grietas en zonas de unión del bronce, especialmente en el brazo de una de las figuras del conjunto escultórico.
La restauración ha priorizado estabilizar ese punto vulnerable mediante procesos químicos de limpieza y sellado, una actuación que evitará filtraciones y frenará el avance de una corrosión que podría haber comprometido parte de la escultura.
La intervención también ha puesto el foco en otros detalles como restos calcáreos, erosiones superficiales y excrementos de gaviotas que han obligado a diseñar tratamientos específicos para conservar tanto el bronce como el granito sin alterar la esencia original de la obra. El objetivo será unificar visualmente el conjunto, respetando al mismo tiempo la pátina histórica que todavía conserva gran parte del monumento.