El ciclismo no fue una elección para Héctor Álvarez, sino una pasión que apareció casi de forma natural cuando apenas tenía cuatro años. El joven corredor, criado en un entorno donde las bicicletas formaban parte del día a día, recuerda que fueron sus hermanos y primos quienes despertaron en él el interés por este deporte. Aquella afición infantil ha terminado convirtiéndose en una realidad profesional con su incorporación definitiva al equipo WorldTour de Lidl-Trek, con un contrato que se extenderá hasta finales de 2028. Una noticia que se produce menos de una semana después de su último gran logro: la victoria en la clasificación del mejor joven en el Baloise Belgium Tour.
El ciclista de l’Alfàs del Pi, considerado una de las grandes promesas del ciclismo español, ha repasado su trayectoria y sus objetivos en una entrevista publicada por su equipo en la que deja claro que mantiene intacta la ilusión, aunque también los pies en el suelo.
Álvarez explica que comenzó a competir incluso antes de la edad permitida. “Empecé tres años antes de lo que correspondía, corriendo en la misma categoría que mi hermano mayor”, recuerda. Desde entonces, el ciclismo pasó a ocupar una parte fundamental de su vida.
Durante su infancia siguió por televisión las victorias de Alberto Contador en el Tour de Francia mientras crecía en el club ciclista dirigido por su padre, Luis Gerardo, en l’Alfàs del Pi, una cantera por la que han pasado algunos de las más importantes promesas (ahora realidades) del ciclismo español actual. Aquella etapa fue decisiva para su formación tanto deportiva como personal.
Su padre desempeñó un papel clave en ese crecimiento, tratando siempre de mantenerle con una visión realista de sus resultados. Le recordaba que, durante su estancia en las categorías inferiores, su mayor desarrollo físico le proporcionaba una ventaja sobre muchos de sus rivales, por lo que debía disfrutar del ciclismo sin obsesionarse con un futuro profesional.
Ese cambio de mentalidad llegó durante su primer año como Júnior, cuando despertó el interés de Markel Irizar, responsable del equipo Lidl-Trek Future Racing con el que el año pasado dio el salto al profesionalismo.
Hasta entonces, Álvarez pensaba que sus victorias respondían únicamente a esa mayor madurez física. Sin embargo, el interés de equipos profesionales le hizo comprender que realmente tenía condiciones para llegar a la élite. Desde entonces, su progresión ha sido constante, consolidándose como uno de los jóvenes talentos con mayor proyección del panorama internacional.
Aunque creció admirando a los escaladores españoles y soñando con el Tour de Francia, sus características físicas le han llevado por otro camino. Su mayor potencia le convierte en un corredor especialmente competitivo en las clásicas, las pruebas de larga distancia y los recorridos llanos, además de destacar también en la pista.
En su palmarés figuran los títulos europeos de Omnium en categorías Júnior y Sub-23, varias victorias en pruebas de la Copa de las Naciones y puestos de honor en citas tan prestigiosas como la París-Roubaix, donde terminó entre los diez mejores tanto en categoría Júnior como Sub-23.
El propio corredor reconoce que siente una especial atracción por las clásicas del norte de Europa. “Me encanta el clima, que la carrera esté abierta durante todo el día y creo que físicamente estoy muy preparado para ellas”, explica. No obstante, también considera que está mejorando en la montaña gracias a su trabajo como gregario, por lo que no descarta adaptarse en el futuro a carreras como el Tour de Flandes o las clásicas de las Ardenas.
A sus 19 años, Héctor Álvarez insiste en que todavía está descubriendo qué tipo de corredor llegará a ser. En sus primeras experiencias con el equipo profesional ya ha trabajado al servicio de líderes de la clasificación general como Juan Ayuso, una experiencia que considera fundamental para su aprendizaje.
“Siempre dije que quería aprender cómo se trabaja para un gran líder de la general. Poder hacerlo con un corredor como Juan es increíble y también me enseña cómo ser un buen líder en el futuro”, asegura.
Además, destaca el ambiente que ha encontrado dentro de Lidl-Trek, una estructura en la que siente que las personas están por encima de los resultados deportivos. “Es como una familia. Se preocupan por cómo somos como personas antes que por el rendimiento. Desde el primer campus de entrenamiento sentí que esta forma de trabajar encajaba perfectamente conmigo”, afirma.
En una época en la que muchos jóvenes ciclistas triunfan a edades muy tempranas, Álvarez no quiere precipitar su evolución. Reconoce que las expectativas sobre los corredores jóvenes son muy elevadas, pero asegura que tanto él como su equipo tienen muy claro el plan de crecimiento.
“Sé que todavía no estoy completamente desarrollado y quiero ir paso a paso. No tenemos ninguna prisa. Hay muchas cosas que aprender y no estamos pendientes de lo que hacen otros corredores”, explica.
Esa tranquilidad fue también una de las razones por las que decidió completar primero su proceso de formación antes de incorporarse definitivamente al WorldTour.
Fuera de las carreras, el joven corredor mantiene un equilibrio que considera imprescindible para seguir creciendo.
Confiesa que disfruta viendo otros deportes como el fútbol y el baloncesto, además de aprovechar su tiempo libre para realizar rutas de senderismo por la montaña y compartir momentos con su familia.
Acostumbrado a la intensidad de la competición, considera fundamental desconectar cuando baja de la bicicleta. Con ese equilibrio personal y deportivo afronta ahora el mayor desafío de su carrera. Héctor Álvarez tiene claro que todavía debe seguir aprendiendo y evolucionando, pero también que no piensa renunciar a su forma de ser.
“Siempre seré yo mismo. Nunca voy a cambiar mi personalidad porque haya gente pendiente de mí. Si a alguien no le gusta, es su problema. Yo seguiré haciendo las cosas a mi manera”, concluye el joven ciclista de la Marina Baixa, que inicia una nueva etapa con la ambición de consolidarse entre la élite del ciclismo mundial.
