Los ancantilados que la delimitan representan, precisamente, uno de los grandes reclamos de la playa alteana de la Solsida. El pequeño arenal de la Villa Blanca, situado en la zona norte del municipio es una de esas calas vírgenes que atraen a los amantes de las zonas no masificadas en pleno verano, algo que ha llevado a los bañistas a cometer imprudencias que, en jornadas como la de este miércoles, podrían haber acabado en tragedia.
A primera hora de la tarde de ayer se produjo un espectacular desprendimiento de tierra desde esos acantilados sobre la propia playa, que lleva vallada para prohibir el paso desde hace ya varios meses por episodios similares, y sólo la suerte evitó que varias personas que habían hecho caso omiso a las señales acabaran heridas o algo peor.
Finalmente, todo quedó en un susto ya que, como han confirmado fuentes municipales a Radio Benidorm-Cadena SER el corrimiento de tierra, que tuvo lugar poco después de las dos de la tarde del miércoles, no causó víctimas.
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Pese a todo, desde el Ayuntamiento de Altea se ha querido insistir en lanzar un mensaje de responsabilidad hacia los visitantes habituales de la playa de la Solsida para que hagan caso de las señales de prohibición de paso y evitar de esta manera poner en riesgo de forma innecesaria sus vidas.