El último domingo del mes de agosto llegó a la Marina Baixa y a la provincia de Alicante con la gran fiesta del ciclismo que supuso la visita de la Vuelta a España con una etapa de 187 kilómetros con salida en La Vila Joiosa y final en Aitana y que, con casi 5.000 metros de desnivel acumulado, presumía de ser la más dura de la historia de la ronda nacional.
Tras la caída de Tadej Pogacar el día anterior camino de Xeraco, la carrera llegaba a La Vila en estado de shock y con la sensación extendida entre aficionados y ciclistas que la novena jornada de competición, la de la Costa Blanca, iba a suponer un nuevo comienzo de la carrera, mucho más apretada y sin un favorito tan claro como el esloveno.
Enric Mas, que estrenó en La Vila el primer maillot de líder de una gran vuelta que ha portado en su carrera deportiva, era el gran centro de la atención. El de Artà tenía en las rampas del interior provincial la necesidad y la obligación de confirmar el buen estado de forma mostrado dos días ante en El Bartolo y, sobre todo, de dar un golpe sobre la mesa y confirmarse con el gran rival a batir.
El jefe de filas de Movistar no defraudó y no sólo se llevó el triunfo en la cima de Aitana, sino que también logro meter tiempo a todos sus rivales directos a excepción del británico Oscar Onley, el único que le pudo seguir hasta la línea de meta.
Y todo ello, en una jornada en la que apenas quedó un metro de cuneta libre y en el que, una vez más, la excelsa y dura orografía alicantina volvió a mostrarse como un lugar de paso obligado para La Vuelta, que, una vez más, ha vivido en las carreteras de la Costa Blanca una de sus etapas más emocionantes y bonitas de los últimos tiempos.