Camisetas de manga corta, terrazas repletas y primeras cervezas al sol. La primavera ha llenado de turistas las calles de Benidorm, pero junto a la postal luminosa otra realidad sobrevive entre descampados, tiendas de campaña y colchones abandonados. Recorremos junto a Gaynor y Joy, dos voluntarias jubiladas, la otra cara de la Marina Baixa: una ruta recalculada con precisión para repartir una veintena de comidas diarias a personas sin hogar.
El proyecto solidario City Streets Community Project nació durante la pandemia de la mano de Johnny, un cantante afincado en la comarca que empezó pagando bocadillos de su bolsillo para quienes pasaban hambre en plena calle. Desde entonces, una treintena de voluntarios ha sostenido una red improvisada de ayuda humanitaria a profesores, jubilados, abogados o vecinos anónimos; personas atrapadas por las adicciones, el desempleo o los alquileres imposibles: “La gente critica mucho, pero debería pasar dos noches en la calle antes de opinar”, lamenta Gaynor entre visita y visita para repartir comida, ropa y compañía.
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La ruta atraviesa solares abandonados y rincones invisibles del Albir o Altea donde van apareciendo historias más evidentes que una cifra. Una pareja ha desaparecido rumbo a Italia tras perder la custodia de su bebé. Otro hombre ha sobrevivido en una silla de ruedas y con una tienda de campaña junto al puerto de Altea. Entre moscas, basura y humedad, los voluntarios dejan sus bolsas: “Lo que no se puede poner en la radio es el olor”, resumen para denunciar la ausencia de albergues o duchas públicas en una comarca que presume de modernidad y destinos inteligentes.
En el puerto de Altea Nico ha contado cómo una enfermedad le cambió la vida. Ha pasado de trabajar en viviendas de lujo a vivir desde hace más de seis años en una tienda. Tras quedarse sin movilidad en las piernas perdió el empleo, la casa y casi todos sus vínculos. Es el relato de la crudeza de una exclusión silenciosa: la de quienes dejan de existir para el resto cuando caen al borde del sistema.
Mientras las administraciones siguen invirtiendo en los más variados proyectos turísticos, decenas y decenas de personas continúan durmiendo en chabolas improvisadas a pocos metros del mar. En mitad de ese contraste tan feroz solo la solidaridad intenta sostener lo que muchas instituciones todavía no han sabido mirar.
Mención especial merecen los establecimientos, bares y restaurantes, que también ayudan desde su cocina a los voluntarios y a las personas sin hogar: Champions, Casper’s, Tiffin, Aroma, La Marghe, Mana, La Cena, Pasta & Pasta, La Clau, Kathmandu, Buena vista, Plan B, Santangelos pizzeria e Irish Tavern.
